3 mitos y 3 verdades sobre los emprendimientos

Muchos de los mitos del mundo emprendedor se expresan (y repiten casi hasta el hartazgo) en forma de refrán o consejo irrebatible. Desde que “emprendedor de nace, no sea hace”, pasando por que siempre conviene guardar las ideas en secreto hasta que se concreten, hasta la creencia de que montar una empresa propia se traduce en la “ventaja” de no tener más jefes. Analizamos estas consideraciones para hurgar las verdades escondidas.

¿Qué consejo le darías a un emprendedor? En esta entrevista publicada en el sitio Héroes DonWeb, Leo Piccioli, autor de Soy solo: Historias honestas de liderazgo para ser feliz en el siglo XXI y más allá, comentó que “emprender tiene casi todas las letras en común con aprender”, y que en este sentido “recomendaría que el emprendedor tenga siempre como objetivo el aprendizaje”. Es cierto: la honestidad y la capacitación son valores fundamentales para crecer como emprendedor. Se comprende entones cuán imperioso es descubrir las verdades escondidas detrás de sentencias que se oyen en el mundo de los emprendimientos, repetidas como axiomas que al examinarse se desploman como un castillo de naipes, o bien se relativizan. En lo que sigue, proponemos repasar 3 mitos y 3 verdades sobre los emprendimientos.

1- “Emprender es sinónimo de independencia”

En muchas ocasiones oímos que montar un emprendimiento propio es el mejor camino para lograr la tan deseada independencia laboral y/o profesional. Los que llevan tiempo emprendiendo explican que dicha consideración tiene matices: no es totalmente falsa, aunque tampoco totalmente verdadera. Es cierto que quien trabaja en su propia compañía (sea ésta pequeñísima o de gran proyección) no tiene un jefe directo a quien responder a diario. Sin embargo la ausencia de un clásico patrón no es sinónimo de independencia plena, considerando las siguientes cuestiones.

A menos que se trate de una empresa unipersonal, habrá que responder a otros actores de la cadena. Por ejemplo a socios y accionistas; no serán jefes al estilo tradicional, pero sus exigencias serán muy similares (incluso mayores).

Además, si bien no tendrás que llamar a recursos humanos esos días en que te duele el estómago y no irás a la oficina; ser el responsable de una empresa en ocasiones está bastante lejos de la independencia absoluta. Responsabilidades, vencimientos y sobre todo pasión por la actividad usualmente genera que se dedique más horas al día que lo que se destina a un trabajo en relación de dependencia.

2 – “El espíritu emprendedor es un don innato”

Si bien podemos hablar de propensiones, inclinaciones, habilidades y deseos particulares; de ningún modo podemos decir que el ánimo emprendedor es una cualidad innata. Retomando las consideraciones de Piccioli, la llave maestra al emprender es la disposición al aprendizaje constante. En ese sentido tampoco resulta conveniente (o redituable, para ajustarnos a este ámbito) considerar que el talento emprendedor es una suerte de iluminación, una virtud que alcanza a unos pocos que fueron tocados por la varita mágica. Por el contrario, encaminar una startup hacia un puerto redituable es una tarea que requiere conocimientos, esfuerzos y generar buenos contactos.

Al respecto, resulta interesante traer a colación el célebre comentario del inventor estadounidense Tomas Alva Edison en una entrevista publicada en el año 1932: “Ninguno de mis inventos llegó por accidente. Veo una necesidad interesante que necesita satisfacerse, y hago una prueba detrás de otra hasta que sale. El resultado es 1% de inspiración y 99% de transpiración”. En tanto, un examen demuestra que el emprendedor talentoso no es de modo alguno un “iluminado” sino que a diario se esfuerza para crecer y hacer crecer a su empresa. Confiar en condiciones innatas podría traducirse en el peligro de olvidar la importancia de la actualización.

3 –“Conviene esconder las buenas ideas de negocio hasta que la empresa esté en marcha”

“No lo comentes con nadie hasta que se concrete”. ¡Cuántas veces hemos oído este consejo! Por ejemplo cuando hemos asistido a una entrevista de trabajo, o cuando alguien nos ofrece un jugoso contrato que aún no se ha rubricado. Según nos dicen, divulgarlo podría tener una influencia negativa. En el universo de los emprendimientos, sugerencias de este tipo apuntan a que nadie venga a robarnos una gran idea de negocio. No obstante, esconder las cartas puede conducir a que el truco fracase o, dicho de otro modo, no compartir las buenas ideas podría derivar en que las mismas jamás se hagan efectivas. En rigor, abrir una idea (entre colegas o conocidos, en congresos o en eventos especializados) es una excelente manera de moldearla, mejorarla e incluso encontrar posibles financistas. En caso contrario, el emprendedor deberá transitar el primer tramo en el pleno ostracismo, sin el necesario apoyo de terceros.