Cuatro formas de inculcar el emprendedurismo desde la familia

Los jóvenes están cada vez más interesados en convertirse en emprendedores y no sólo las escuelas y universidades son las que deben brindar las herramientas para que los niños fomenten estos intereses. ¿Qué puede hacer la familia para colaborar con la educación emprendedora?

¿Es posible que cada vez más empresas estén lideradas por jóvenes de 25 años? Sí, lo es. De un tiempo a esta parte el mercado laboral está quedándose sin empleados jóvenes y prometedores, sino más bien con aquellos que quieren un trabajo part-time o que les dé el tiempo necesario para terminar sus estudios y proyectos personales.

En Latinoamérica, por ejemplo, el 35% de las personas que terminan una carrera universitaria lo hacen pensando en qué emprendimientos comenzarán, antes de analizar en dónde trabajarán con ese título. Mientras que un porcentaje mínimo de estudiantes de nivel secundario encarar sus emprendimientos esquivando el trayecto universitario, y con autogestión educativa.

Si bien todavía las cifras no son tan significativas como para plantearnos una población con jóvenes empresarios a nivel global, la tendencia se siente cada vez más en aumento y marca mucho la diferencia con aquellos jóvenes que no reciben ningún estímulo para convertirse en emprendedores.

¿Qué cosas los estimulan? ¿Por qué hay jóvenes interesados en liderar, otros que sólo se plantean estudiar y trabajar, y otro tanto que ni siquiera quieren estudiar? Como diría mi madre, maestra de grado, la educación empieza por casa. Por esa razón, en este artículo no hablaremos de todo lo institucional o las empresas que se venden como aceleradoras de proyectos de las cuales puede echar mano un joven entusiasmado, sino más bien veremos cómo se puede inculcar en ellos el emprendedurismo.

La observación

Los padres dedicados siempre tienen puestos los ojos sobre sus hijos, pero muchas veces no siempre ven lo que realmente sucede, algunas veces se imaginan la profesión que van a elegir y sin quererlo así, lo incitan a hacer un camino hacia sus propios deseos, más que los del hijo. El primer consejo es dejarlos elegir libremente, siempre bajo la observación de los padres.

Si observamos que la intuición para hacer elecciones los lleva por buen camino, entonces estarán llevando adelante el principal espíritu emprendedor: confiar en sí mismos. Siendo observadores siempre estaremos cerca para estirar una mano ante un fracaso.

La comunicación

De la misma forma que no se trata de mira lo que queremos, tampoco se trata de hablar de lo que queremos. El diálogo con nuestros hijos, con sus docentes y amigos es fundamental para que ellos se sientan contenidos, y no por ello, hostigados a contar “en qué andan”.

Es bueno que los jóvenes sepan que Google no tiene todas las respuestas, que hablando con otras personas se pueden obtener experiencias tácitas para encarar proyectos pequeños o grandes.

La colaboración

Si en casa profundizamos el mensaje de hacer tareas en conjunto, no todos juntos, sino cada uno con un rol, entonces estamos transmitiendo varios mensajes al mismo tiempo: el respecto por los roles, las responsabilidades por lo que nos toca hacer y los riesgos por llevar adelante una tarea innovadora.

No todos los emprendedores inician su trayecto sabiendo que en algún momento necesitarán la colaboración de otros, pero sí todos lo aprenden en el camino. Esto nos lleva, indefectiblemente, a una última forma de inculcar el emprendedurismo.

La humildad

Esta será la llave para todo emprendedor. A medida que son más jóvenes y más éxitos los acompañan es probable que pierdan un poco el eje sobre el que están parados. Es bueno que la familia sepa inculcarle el valor de lo alcanzado, el sentido de los logros y la conducta de tener siempre los ojos abiertos al conocimiento, provenga desde donde provenga.

Los jóvenes de hoy no sólo necesitan una guía para hacer las tareas de la escuela y elegir una profesión en un futuro. Hoy es necesario darles buenos ejemplos, más que nunca, para que todo aquello que emprenden lo hagan con el éxito necesario como para saber levantar una empresa o levantarse de una caída, y seguir adelante.