¿Trabajar, estudiar y emprender?

El camino del emprendedor parece no tener fin y son ellos mismos quienes se plantean cada vez nuevas presiones. En este artículo conoceremos la experiencia de distintos emprendedores que tuvieron que generar una fórmula que les permita capacitarse, producir y desarrollar sus proyectos, además de emprender. Una tarea difícil, pero no imposible.

De un tiempo a esta parte, mi entorno está plagado de emprendedores, no sólo de aquellas personas que estoy entrevistando para los artículos, sino además porque mis amigos de toda la vida, algunos que conocí en la facultad, y otros del barrio, han dejado el reloj de la oficina por la camiseta y la notebook para comenzar el camino como emprendedores.

No todos los emprendimientos son iguales, algunos están desarrollando una aplicación móvil, otros montaron un taller de producción de costura, un amigo que trabajaba en cartelería en una imprenta ahora tiene su propia startup del mismo rubro, mientras que los que escribían venden contenido por internet, una amiga psicóloga atiende por Skype y la señora que planchaba en la casa de mis padres ahora produce marroquinería en el living de su casa con una máquina recta.

Al ver el panorama que me rodeaba desde afuera pude encontrar algo que los enlazaba a cada uno en su rubro, más allá del hecho de que sean emprendedores, sino también la fórmula que les permitió descubrir sus capacidades, derribar sus limitaciones, combinarlo con sus realidades y transformarla para lograr el objetivo: emprender.

De empleada doméstica a marroquinadora

Petty era la mujer que planchaba en la casa de mis padres. Es para mí, con orgullo lo sostengo, un gran ejemplo de superación y emprendedurismo. La recuerdo como una señora grande pero seguramente era muy joven cuando yo vivía con mis padres. Siempre pensé que había dejado de planchar porque mi hermano y yo ya no estábamos en casa y entonces ya no era necesario que vaya, hasta que un día la encuentro en un seminario de negocios.

“Siempre supe que quería hacer algo más, tenía estudios secundarios y nada más, pero como tenía que trabajar nunca tenía tiempo hasta que me dí cuenta que mi propio trabajo me ayudaría a generar mi propia salida”, me contó Petty que ahora montó un taller de costura de cuero en el living de su casa y en el que toma pedido de grandes marcas que tercerizan producciones de último momento.

“Mientras trabajaba pagué mis estudios para aprender a manejar máquinas rectas y luego compré una con la que empecé a practicar. Al tiempo empecé a hacer cinturones y billeteras pequeñas que las vendía en ferias hasta que en distintas capacitaciones conocí la gente adecuada para hacer negocios que me dejaran más ganancias”, confesó Petty, cuyo nombre real es Patricia Brites.

Cada emprendedor tiene su receta

Este encuentro me recordó varios momentos de diferentes emprendedores que conocí durante éste último año. Sin ir más lejos, Juan Manuel Jacinto, CEO de Brailling, no tiene más de 25 años y conduce un emprendimiento con el que constantemente debe capacitarse para estar a la altura de lo que su propio desarrollo le exige. Durante la entrevista me contó que su iniciativa como emprendedor nació a los 19 años, un año después de comenzar a en una gran compañía: “Trabajo desde los 18 años en el ámbito de la tecnología, tengo varios sitios web funcionando y soy programador web, aunque estudié Marketing Digital. Con Brailling empecé a los 21 años”. Aunque muchos hubieran apostado por trabajar en el puesto que Juan había conseguido, él en cambio eligió renunciar y utilizar sus ahorros y los conocimientos adquiridos hasta ese momento para focalizarse en Brailling.

Por su parte, Alicia Amende, una muchacha inglesa que encontró en Buenos Aires el lugar ideal para comenzar su emprendimiento gastronómico y social con “Las Delicias de Alicia”, se valió del ingreso que le generaban dar clases de inglés para poder solventar su proyecto hasta que la creación de un restaurante vegano a puertas cerradas se convirtió en el soporte económico para emprender: enseñar a cocinar comida saludable a los niños de los barrios en situación de emergencia.

Cristian Jortas trabajaba en una imprenta en donde aprendió todo lo necesario sobre el negocio, en su momento eligió un nicho no tan explotado como ahora: impresión de remeras. Diseñó su propio software por el cual los clientes podían hacerle los pedidos por medio de una aplicación móvil y retirar desde cualquier punto del país. “Siempre es bueno estudiar, en mi caso, tenía que aprender el oficio específicamente y en ese momento no habían escuelas para emprendedores. Lo hacías o dejabas pasar el tren”.

La fórmula

Se dice que no hay edad para emprender y que no todas las personas están capacitadas para encarar la responsabilidad de iniciar un emprendimiento y sostenerlo hasta convertirlo en un negocio. Por dar un ejemplo, Tito Loizeau, CEO de Caramba!, asegura que se puede emprender hasta los 90 años, de hecho su último libro se tituló “Emprender hasta los 90” y con ello prolonga no sólo los años de actividad, sino el tiempo de capacitarse y aprender algo nuevo cada día.

En este sentido, la fórmula de los emprendedores contiene sí o sí las tres unidades que menciono en la nota: el trabajo, el estudio y el emprendimiento en sí mismo. Cada emprendedor debe encontrar el engranaje entre estas tres unidades para hacer funcionar su máquina.

“Nadie te dice cómo hacerlo y de qué manera, sólo tenés un idea y la querés llevar a cabo. Es como estar en el lugar justo y en el momento justo” me dijo en una entrevista Martín Parlato, CEO de Posibl, entonces comprendí que este engranaje funciona casi sin plantearlo demasiado. Para emprender es necesario estudiar y trabajar constantemente en una idea, y si momentáneamente hay que buscar un recurso económico externo al plan del emprendimiento, entonces eso implicará una apuesta por hacer, un desafío a nuestras propias capacidades.

Lo bueno es que lo están en este momento con tantos interrogantes (¿Qué debo hacer? ¿Estudiar o trabajar? ¿Cuándo le dedico tiempo a mi emprendimiento?) no son los únicos y cada vez hay más ejemplos de que hay fórmulas personalizadas en cada caso para hacerlo realidad.