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Elizabeth Aguilló Colores de esperanza

Elizabeth Aguilló descubrió la fuerza que su arte tiene sobre los demás y cuánto puede mejorar la vida a partir de su talento

Elizabeth Aguilló hace 10 años que da clases de arte a chicos en su taller que se caracteriza por estar lleno de color. En una búsqueda incesante por el sentido de la pintura, descubrió que podría cambiar la vida de muchos niños si llevaba sus pinceles y pinturas a los hospitales. Así lo hizo y se lanzó en una cruzada que busca poner vida y alegría a los pasillos de los hospitales públicos en Rosario. Pintó la paredes de la guardia del hospital de niños Víctor J. Vilela y ahora a pedido de los médicos avanzará sobre los consultorios.

«Siempre me preguntaba qué sentido tenía el arte que hacía y para qué hasta que me di cuenta de que podía ayudar a los chicos», cuenta la mujer que luce una remera colorida con un lema «El talento te hace destacar, el corazón te hace trascender».

Esta historia nació en la terapia intensiva de un sanatorio, cuando Elizabeth tuvo a su hija de cinco años internada. «Mi hija estaba en coma, pero yo veía a otros chicos que estaban despiertos y que el lugar era horrible, había gran ausencia del color», confesó la artista que está empeñada en llenar de alegría, a través de los colores, a los chicos. «Hay que pensar que los niños vive en espacios con colores y a la internación hay que sumarle el aislamiento y la falta de todo tipo de decoración», explicó.

Estudió bellas artes en la escuela municipal de Rosario y allí compartió su inquietud con otros colegas. Muchos se sumaron y así se formó el grupo «Arte que ayuda a curar». Paralelamente se puso a investigar y descubrió que los egipcios ya utilizaban el color para animar a los enfermos, y que en Europa hoy muchos hospitales juegan con los colores en los efectores de salud.

Elizabeth y otros que se entusiasmaron con la idea comenzaron por pintar un mural en el hospital de Granadero Baigorria,  y luego hicieron otro en el hospital de niños Zona Norte.

En abril llenaron de color la sala de espera del hospital Vilela. Un grupo de artistas dibujó y pintó casitas, hongos, perros y árboles. No eran paisajes definidos sino figuras que despiertan la imaginación. Con los ojos fijos en las paredes que antes eran blancas, los que esperaban ser atendidos imaginaba su propia historia. Así las horas de espera pasaron más rápido y fueron un poco más llevaderas para esos chicos que requerían atención médica.

«Queríamos empezar con las salas de oncología y con las de internación porque son los lugares donde más tiempo  pasan los chicos y también los padres», contó Elizabeth. Sin embargo, le pidieron que empiece por las salas de espera. Y la verdad es que cambia completamente el paisaje.

Ella, y también los demás artistas están felices con el proyecto. Todo lo hacen «a pulmón», no los subsidia nadie. Son ellos mismos los que recorren pinturerías y les piden donaciones. Ahora quieren avanzar también sobre los techos de las salas donde los chicos están internados para que en vez de mirar al vacío puedan imaginarse en un paisaje o en una noche de verano llena de estrellas.

 

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