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Marta Tardivo Vocación intacta

Marta Tardivo es docente jubilada tras haberse desempeñado como maestra y directora durante largos años. Hoy es apoderada legal del jardín que funciona en el barrio Villa del Parque de la ciudad Santa Fe. Un día decidió mantener viva su vocación de servicio y dio inicio al Banco de Pobres con el que logró conseguir fondos para empezar a otorgar microcréditos a vecinos. Desde hace 11 años se reparte entre sus dos trabajos y asegura que poder ayudar a la gente la hace feliz y la mantiene viva.

Hace una docena de años atrás, Marta asistió a una chara que dieron de la Asociación Oyentes de Gran Corazón, de Suzy Thomas. Luego buscó los socios solidarios a través de una campaña en la que cada uno aportaba 120 pesos, la gente podía pedir esos microcréditos que más tarde devolvían semanalmente con un interés mínimo que les permite recuperar el dinero con un plus, para volver a prestar.

“Nos entusiasmamos tanto que en 2002 empezamos a trabajar en el barrio Villa del Parque. En ese momento organizamos reuniones informativas y a difundir lo que era y cómo se podía acceder. Unas 10 personas formamos un grupo de trabajo y todas las semanas nos juntábamos para asesorarnos pero no pudimos concretar nada en aquel entonces porque la propuesta de Muhammad Yunus (el economista Bangladés) era que se formaran grupos de 5 personas con distintos proyectos y que se financiaran mutuamente y no prosperó”, así relata el principio de esta historia la ex directora de la escuela Cristo Obrero.

En 2001 cuando Santa Fe sufrió una de las peores catástrofes de la historia por las inundaciones, Marta entendió que sería un buen momento para poder comenzar a implementar el Banco de Pobres. Pero su sugerencia fue que hubiera una línea de créditos disponible con los fondos que habían conseguido y que luego eso se fuera devolviendo individualmente. Y así se dio comienzo a esta iniciativa en uno de los barrios de la capital provincial.

El 24 de julio de 2003 se escribió el primer capítulo de esta historia. Ese día se otorgó el primer crédito a la carnicera del barrio, por 600 pesos, Olegaria González. “Una mujer que al día de hoy me encuentra y sigue agradeciéndome”, cuenta satisfecha. Y desde allí nunca más se interrumpió el asistencialismo que supo tener un grupo de personas trabajando pero que con el correr del tiempo la gente se fue yendo y quedó sola como responsable.

Al tiempo tuve un pedido de una portera de la escuela donde trabajaba, Irene Valenzuela, y como la conocía le propuse que empezara a trabajar conmigo. Después dos prestatarias más también se sumaron. Son tres voluntarias en total (Gabriela y Mónica). Marta recuerda: “Hace muchos años que somos las 4, raramente falta alguna. Con 11 años de trabajo ininterrumpido dimos más de mil microcréditos, este año ya vamos por 150”. Y el 2014 las encontró empezando con un nuevo capital de 60 mil pesos, que tras las devoluciones de la gente los van recuperando e incluso ganando un poco más semanalmente. Y es por esto que la rueda nunca deja de girar.

“Cada vez tenemos más dinero porque lo que está calculado con el interés que se cobra por posibles pérdidas prácticamente no se da, entonces de lo que me dan, se devuelve más”, explica la apoderada del jardín Cristo Obrero. “Trabajamos en el lugar y estamos re contentas y la gente más todavía”, afirma y recuerda que la mayoría de las personas que acceden a los microcréditos son de los barrios santafesinos Villa del Parque y de Barranquitas.

“Siempre digo que hago esto voluntariamente pero porque es una vocación de servicio y realmente creo en Dios y acepto la propuesta de Jesús. Este servicio me mantiene vital, tengo 75 años y lo hago con gusto”, dice con voz risueña. Y no duda en aclarar que “Dios” le manda a la gente para la que tiene dinero porque nunca tuvo que negar un solo crédito. Después de 11 años se formó un grupo de gente que se quiere y se respeta, se conocen y agradecen poder formar parte de este sistema que nació de la catástrofe.

Si hubiera otras personas con intenciones de iniciar una propuesta como la del Banco de Pobres de Santa Fe, Marta sugirió que deberían vincularse con ella porque de esa manera podría asesorarlos, brindarles información de cómo dar inicio a esto y los papeles que hay que llevar a la asociación. “Todos los fines de año tengo que rendir cuentas a la asociación Corazones Solidarios. Allí también funciona la otra propuesta que se llama Mamá Corazón, que es para acompañar a las madres que están permaneciendo por una u otra manera en el Hospital Iturraspe”, contó. Y remarcó: “Quien tenga interés en aplicarlo, no tengo ningún problema en asesorarlo. Al contrario, con mucho gusto pero lo primero que tienen que hacer es conseguir los fondos”.

Feliz de hacer lo que hace, dice que le gratifica poder darse cuenta que cuando uno valora a las personas y las ayuda a darse cuenta que pueden ser puntuales y responsables, la gente cambia. “Vemos todo el tiempo ese cambio de personas o grupos familiares que han podido salir adelante con sus emprendimientos gracias a los microcréditos”, relata.

“Soy una apasionada de eso. Me tratan de loca, me dicen que cómo no tengo miedo. Pero soy feliz haciendo y ayudando a la gente. El cariño que recibimos no tiene precio”, mantiene Marta, que además rememora que cuando Yunus llegó a Buenos Aires, este Banco de Pobres se había replicado en varias ciudades del interior del país pero que sólo sabe hoy que se mantuvo en Mendoza.

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