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Necesidades geek: Tecnología en el baño

Omnipresente, la oferta tecnológica desconoce límites y se atreve a derribar la intimidad del toilette. Un estudio indica que el 75 por ciento de los usuarios lleva su celular al baño; humanoides en los sanitarios de la sede en donde tuvo lugar Google I/O para que luego Larry Page diga que nadie se asustará al ver en los sanitarios públicos a un usuario portando las Google Glass. Además, en Japón presentan un inodoro compatible con Android y, al poco tiempo, un especialista de seguridad advierte que este retrete puede ser hackeado.

La inmersión de los dispositivos móviles en la vida cotidiana contemporánea se explica, en parte, en un estudio realizado por el consultor Tomi Ahonen, el hombre detrás de Tomi Ahonen Almanac, un compendio anual en torno a la industria de los smartphones. Entre otros datos de interés (más información en tomiahonen.com) el autor se propone dilucidar cuántas veces por día un usuario promedio chequea el celular. El resultado: 150 veces al día. El detalle del informe reciente: 23 veces para ver mensajes, 22 en llamadas, 18 oportunidades para ver la hora y más de diez veces repartidas en música, juegos y redes sociales. Bajo el signo de lo relativo, como todo estudio sesgado, aunque válido para ensayar una pintura del hábito.

Otros informes enfocados en la industria móvil centran la mirada en un espacio particular: el baño. En 2012, The New York Times publicó un estudio a cargo de una agencia de marketing basado en más de mil usuarios estadounidenses, el cual indicó que el 75 por ciento de los encuestados reconoce usar el celular en aquel ambiente. Entre los equipos más populares en el toilette se destacan los Android, razonable teniendo en cuenta que éstos acaparan el 80 por ciento del mercado según datos provistos por Gartner e IDC. Y hay más: cuando el prisma se recorta a los que tienen entre 28 y 35 años, la cifra asciende hasta el 91 por ciento. Entre los mayores de 65 años la estadística desciende drásticamente, aunque 47 por ciento de respuestas afirmativas no es un número escaso. El dato más llamativo: un cuarto de los encuestados dijo que nunca va al baño sin un dispositivo móvil. El periódico estadounidense anota en el epílogo de la nota: “Espero que estés sentado para esto: ¡el 20 por ciento de los hombres se hacen un tiempo para llamadas en conferencia desde el baño!”. Y agrega, a modo de remate: “No haga caso a los ruidos de fondo. De veras”.

Un estudio más reciente emprendido por la firma de apuestas Betfair entre sus clientes, dio cuenta de cifras aún más elevadas para este hábito: el 88,5 por ciento utiliza el móvil en el baño.

En relación a estos informes, aunque verídicos, ya son trillados los estudios que alertan acerca de la suciedad que almacenan los equipos móviles. Un botón de muestra: desde la Universidad de Stanford indicaron que el celular es 18 veces más sucio que el inodoro de un baño público. El vínculo es escatológico por donde se lo mire. Utilizar estos equipos sin la correcta higienización de las manos puede ser perjudicial para la salud, así lo advierten especialistas en la materia. Jeffrey Cain, presidente de la Academia Americana de Médicos de Familia, dijo a The Wall Street Journal que “la gente tiene las mismas posibilidad de enfermarse por el teléfono que a través del picaporte del baño”. Agregó Michael Schmidt de la Universidad Médica de Carolina del Sur en el medio antes citado: “Todos hemos visto una mancha en la pantalla y donde hay grasa hay bichos”.

¿Solamente celulares?

La portabilidad tecnológica elevó su apuesta. Como hemos visto, los dispositivos móviles han eclipsado a otros entretenimientos fugaces antes populares en la intimidad del sanitario. Internet brillando en la pantalla del celular o el adictivo Candy Crush son, para muchos, actividades tanto más entretenidas que la lectura de la composición del desodorante ambiental o el repaso de la revista dominical, cuyas páginas son vistas por enésima vez. Pero no son únicamente los celulares y las tabletas las que se anotan en este recinto.

El mismísimo inodoro, rey del toilette, ahora exhibe una faceta tecnológica. En Japón, tierra de innovaciones y también de excentricidades, la firma Lixil presentó Satis, un retrete con una particular característica: es capaz de interactuar con teléfonos móviles Android. El inodoro se conecta vía bluetooth con el dispositivo, en el cual corre una aplicación especialmente desarrollada por Lixil. Desde allí es posible controlar el flujo de agua, la integrada función de bidet e incluso reproducir música. Permite además crear perfiles personalizados en base a las preferencias particulares de los usuarios del sanitario. También cuenta con funciones que posibilitan llevar un historial de uso para aplicar medidas de ahorro de recursos como energía y agua.

La adición de tecnología a un producto, cualquiera sea este, supone interesantes posibilidades aunque también implica vulnerabilidades: al igual que una computadora o un celular, cualquier objeto conectado se convierte en una posible víctima de ataques por parte de hackers. La firma Trustwave, especializada en seguridad informática, alertó –no sin tintes insólitos- que Satis puede ser controlado a distancia por un pirata teniendo en cuenta una serie de vulnerabilidades de la app My Satis. De tal modo, cualquier usuario con breves conocimientos podría intervenir en el funcionamiento del retrete, incluso a distancia, abriendo la puerta a desagradables e inesperadas consecuencias.

Humanoides frente al mingitorio

Google Glass, las gafas de realidad aumentada desarrolladas por Google, las cuales harán su aparición comercial hacia 2014, también han cobrado protagonismo en el terreno WC. En una reunión con accionistas e inversores, Larry Page, CEO de Google, salió al cruce de las preocupaciones que el producto despertó en torno a la privacidad. “Todos van a acostumbrarse a las Google Glass y a otras piezas de tecnología portátil”, aseguró algo irritado, según indicaron los reportes. “No tiemblen de terror al pensar que alguien podría utilizar las Google Glass en el baño porque no tiemblan de terror cuando alguien llega al baño con un smartphone, también capaz de tomar fotografías”, dijo Page.

En el marco de una conferencia en la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Hardvard, el propio Erich Schmidt, presidente de Google, reconoció que la experiencia con las Glass puede ser “un poco rara” y reconoció que “hay lugares en los que las Google Glass son inapropiadas”. Sin embargo dijo que “las críticas vienen de las personas que tienen miedo al cambio o las que no se han dado cuenta de que habrá una adaptación de la sociedad”.

Entre las preguntas frecuentes (FAQ) publicadas en el sitio oficial del producto, aparece la advertencia de que el usuario debe ser consciente de que existen lugares en donde otras personas pueden sentirse molestas si saben que alguien puede estar grabándolas con una cámara. Ante ello, ha aparecido incluso una organización denominada Stop the Cyborgs la cual emprende una cruzada en contra de la robotización del ser humano, instando a prohibir el uso de las Glass en determinados establecimientos: cines, casinos, bares y clubes privados son los adherentes más frecuentes en esta movida.

En Google Glass: ¿Hasta dónde avanzará el tren de Google? publicada en DattaMagazine, dije: “Allen Firstenberg, uno de los que ha probado Glass en primera persona, reveló a Reuters que el dispositivo ha llegado a asustarle. Cuenta que ingresó a un baño público sin darse cuenta que llevaba puestas las particulares gafas. Algunos podrían sentirse incómodos. El baño, recinto paradigmático de la privacidad, ha sido un tema recurrente. ABC, de España, uno de los tantos medios presentes en el último Google I/O, cuenta que durante las conferencias para desarrolladores organizadas por Google, la gente se paseaba de aquí para allá con Glass, incluso en los baños”.

Tirando de la cadena

Más allá de los datos coloridos y tomados casi en sorna, el análisis de los hábitos en torno a los dispositivos tecnológicos no es un dato menor para las compañías que ofrecen productos y servicios. En uno de los informes repasados se indica que una de las tareas más frecuentes a la hora de utilizar el celular en el baño es el paseo por sitios de comercio electrónico, práctica que debe ser analizada y comprendida por los proveedores. Otro caso: en el área de desarrollo, Corning, la empresa que fabrica las pantallas Gorilla Glass reconocidas por su dureza, informó que trabaja en un cristal que además de resistente a los golpes y rayones, cuente con propiedades antibacteriales. Según indicó la firma, el desarrollo, inicialmente pensado para el sector de la salud, estará disponible en el mercado general y no sólo en hospitales y clínicas. El dato de que los smartphones contienen un alto grado de contaminación ha sido aprovechado por ellos como una oportunidad comercial.

Usualmente, los más atentos a este tipo de noticias son los desarrolladores de aplicaciones. Entre las más reconocidas aparecen RunPee, una interesante herramienta disponible para equipos Android, iOS y Windows Phone que avisa cuando es el mejor momento para ir al baño en medio de una película teniendo en cuenta los minutos menos álgidos del filme; Uncle Johns Bathroom Reader, la traslación digital de una revista especialmente ideada para leer en el toilette; y Cloo, una app para iPhone que, con funcionamiento similar a una red social, permite rentar tu propio baño o alquilar uno ajeno. Otra es Potty Training App cuyo objetivo es ayudar a los más pequeños a abandonar el pañal. También hay interesantes aplicaciones útiles en casos de urgencia: ToiletFinder ayuda a encontrar un baño público disponible y cercano a la ubicación del usuario con el auxilio de la geolocalización. Una versión para ciudades argentinas no vendría nada mal. Si alguien la conoce, por favor avise.

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