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¿Quién quiere ser Scorsese?

Con tantos teléfonos móviles como habitantes en el mundo, son millones los potenciales directores de cine que deambulan por las calles con el equipamiento necesario en el breve espacio de un bolsillo. Presentamos un repaso por los más notables proyectos filmados con cámaras de celulares, incluso con las más austeras en megapíxeles. Un sector que, incluso, tiene sus propios festivales.

7 mil millones de suscripciones móviles en un mundo con 7 mil millones de habitantes. El dato no es volátil: más que revelado, fue vaticinado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU, por sus siglas en inglés) en un informe que previó aquella cantidad de líneas de celulares para comienzos del venidero año 2014. En un veloz juego matemático, si consideramos que cada celular exhibe en promedio una altura de 20 centímetros, si ubicásemos cada uno de los 7 mil millones en fila estaríamos dando forma a una hilera con una extensión de 14 millones de kilómetros, suficiente para viajar más de 46.800 veces desde Rosario hasta la Ciudad de Buenos Aires.

Por fuera del análisis estadístico y sociológico, de las implicancias en la vida cotidiana de las personas, y de las oportunidades para las empresas que se relamen en vistas de la popularidad del sector; a los fines de este repaso es posible afirmar que siendo miles de millones los usuarios de celulares, son asimismo miles de millones los potenciales cineastas. Los dispositivos móviles han puesto las cámaras al alcance de la mano, hecho que ha propiciado la aparición de fenómenos como el denominado periodismo ciudadano (el vecino común, cámara en el bolsillo, llega a los hechos antes que cualquier móvil de televisión o radio) y que también ha abierto las puertas a una nueva forma de hacer cine: películas hechas con celulares exceden los márgenes de YouTube, llegan a la pantalla del cine e incluso cuentan con festivales propios. Sin estar restringidas a realizadores amateurs (de hecho, tal como veremos, algunos directores de renombre se suben a la ola) hay quienes le llaman “cine garage” por su humilde procedencia alejada de las grandes productoras de contenido y entretenimiento.

Estrenada hacia fines de 2011, “Olive” es el paradigma del cine cuya realización se apoya en la cámara de un celular. Dirigida por Hooman Khalili y Pat Giles, el filme se autopostula como el pionero en este terreno. Khalili dijo que la actriz Gena Rolands, dos veces nominada a los premios Oscar, aceptó trabajar en este proyecto “por su afinidad con el espíritu independiente y por la idea de participar en la primera película filmada con un celular”. En sus noventa minutos cuenta la historia de una niña de diez años (interpretada por Ruby Alexander) que, en silencio, logra cambiar la vida de tres personas. Su particularidad: fue filmada con la cámara de un Nokia N8, aunque a éste le fue añadido un lente de 35 milímetros. Según reveló Khalili en una entrevista a “Los Angeles Times”, el presupuesto estuvo por debajo de los 500 mil dólares (a modo especular, en “Avatar” de James Cameron se invirtieron 237 millones de dólares) y en su realización no ha intervenido Nokia.

Mucho antes de la realización de “Olive”, en la Argentina apareció la noticia de una película filmada íntegramente con celulares. Fechada en 2005, “Conectados” también involucró al fabricante finlandés Nokia. Realizado por guionistas y productores profesionales, se trata de un cortometraje que tiene como protagonistas a dos jóvenes que, desencontrados, exhiben numerosas conexiones. En este caso, la empresa estuvo junto a la firma Publiquest en la producción del filme que fue rodado en dos meses con seis ejemplares del modelo 7610, cuya cámara se fijaba en 1 megapíxel. Ocho años más tarde apareció en el mercado el Lumia 1020, un smartphone que cuenta con una cámara de 41 megapíxeles y que hace explícito el interés de Nokia en el ámbito fotográfico.

Si bien el nombre de la finlandesa aparece en numerosos proyectos de esta índole (por caso, “The Commuter” es otro corto filmado con un N8; puede ser visto aquí), no se trata del único fabricante involucrado en esta tendencia. “Search for Sugar Man” ha establecido un verdadero hito en estas arenas: con fragmentos filmados con la cámara de un iPhone, la película ha sido galardonada en los últimos Premios Oscar en la categoría de Mejor Documental. Dirigida por Malik Bendjelloul, cuenta la historia de Sixto Rodríguez, un músico mexicano que triunfa en Sudáfrica. Según reconoció Bendjelloul a CNN, al haberse agotado su presupuesto se volcó por rodar escenas del filme con la cámara del smartphone de Apple y la aplicación 8mm Vintage Camera, la cual se descarga a un valor de 1,99 dólares y es útil para emular aquella estética. “Hace que parezca una filmación real, no puedes encontrar la diferencia”, dijo.

“Night Fishing”, creada con dos iPhone 4, con una duración de 30 minutos y un staff reducido de ochenta personas, cobró notoriedad por el apellido que aparece en su ficha: el del cineasta surcoreano Park Chan-Wook, hombre detrás de la brutal cinta “Old Boy”. En declaraciones a la agencia de noticias AP, Chan-Wook dijo: “Hay varios aspectos positivos de hacer una película con un iPhone, así como hay muchas personas en el mundo a los que les gusta divertirse con ellos. Es liviano y pequeño y cualquiera puede usarlo”, destacó.

El film recién mencionado, y otros casos que veremos a continuación, hacen explícito el buen vínculo entre esta metodología y el género de terror. Las filmaciones realizadas con un celular dan paso a una técnica que “Proyecto Blair Witch” hizo célebre cuando se estrenó en el año 1999: el dispositivo móvil es fiel reflejo de la narración en primerísima persona, de la perspectiva del protagonista y de la fluctuación nerviosa de una mano. Este tipo de cine, más que ningún otro, logra esfumar la artificialidad de un director detrás de un anchísimo equipo técnico.

“Luz, teléfono, acción”, un repaso publicado en “El País” de España que aborda las intersecciones entre la movilidad y el cine publicado, detiene su mirada en el largo “Hooked up” el cual fue íntegramente rodado con un iPhone y que fue estrenado en el más reciente festival de Sitges. El filme, también “de miedo”, sigue los pasos de dos turistas estadounidenses en Barcelona y los aterradores acontecimientos que aparecen cuando siguen a una mujer. Su joven director, Pablo Larcuen nacido en aquella ciudad europea, ya había sido galardonado en 2009 en el Móvil Film Fest de la mano del corto “Sí”, también filmado con uno de estos dispositivos. “Me molestan las películas en las que los protagonistas graban con el móvil, pero visualmente está claro que han usado una tecnología superior”, opina Larcuen, según lo expresado, purista en esta modalidad. Se informa que el único truco que utilizó el barcelonés es una pequeña pieza plástica mediante la cual logró dar más profundidad a la imagen. Además, contaron con la colaboración de un técnico de Apple para el desarrollo de un software aplicado a sus necesidades visuales.

Secuencias de la taquillera “REC 3” también fueron grabadas con móviles. Acerca de este método, Paco Plaza, el realizador de esta popular película de terror, dijo a “El País”: “Te da mucha libertad y ninguna dificultad técnica, salvo que lo llevas en la mano de un forma peculiar y debes tener cuidado, porque no pesa, con moverte muy rápido. Pero sólo vale para simular que estás grabando con un móvil. Es una herramienta más, que funciona cuando la narrativa pide esa filmación con teléfono: el público reconoce la textura porque está habituado a ella. Por ahora no se puede ir más allá ya que la resolución es mala”.

El antes mencionado Móvil Film Fest que premió el trabajo de Larcuen es sólo un botón de muestra entre los festivales que hacen foco en el cine hecho con celulares. Mobile Screenfest International es otro de los ejemplos y la firma Nokia organiza los propios hace más de cinco años. En la Argentina cobró notoriedad el proyecto “Belgrano, tu película” que con el impulso de Canal Encuentro alentó a jóvenes de hasta 17 años a recrear escenas del filme “Belgrano” con dispositivos al alcance de la mano.

Cine hecho con celulares, “cine de garage”, “cine indie” (apodo de los que gestionan el arte en forma independiente). Cultores de esta tendencia hablan de una plena democratización de esta disciplina artística que ya no precisa disponer de un altísimo presupuesto (ni siquiera comprar una cámara digna) para dar paso a una buena narración y filmarla. A fin de cuentas, la creatividad vuelve a ser la soberana, siempre y cuando haya una buena historia para contar. Quien quiera seguir los pasos de Scorsese, Allen, Tarantino o Campanella, al menos, ahora, tiene la herramienta en el bolsillo. De seguro, ellos lo hubieran agradecido décadas atrás, cuando los celulares eran un asunto que sólo se veía en las películas de ciencia ficción.

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