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Rita Marc Costuras que fortalecen

En septiembre del año pasado Rita recibió un diagnóstico que cambiaría su vida para siempre. El médico le dijo que tenía cáncer de mama. A sus 72 años, llenos de vitalidad, se impuso un nuevo reto que supo sortear con buen humor y una gran fortaleza. Creó un grupo para ayudar a mujeres en quimioterapia a hacer sus propios adornos y a mejorar su calidad de vida. Este año la distinguió el Concejo Municipal.

Rita no la pasó bien. Tuvo una importante cirugía y después comenzó con el tratamiento de quimioterapia. Más allá del desaliento inicial no perdió el buen humor, tan típico de su carácter. Y al mes celebró su cumpleaños, pero con un toque especial. Pidió a sus amigas que asistieran con un sombrero o un turbante, porque ella ya no tenía cabello y lo estaba usando.

De ese grato encuentro surgió la idea de Rita, que es experta en moldería y profesora de un instituto de moda de Rosario, de enseñar a otras mujeres en tratamiento de quimioterapia a fabricar sus propios turbantes. Así nació “Turbantes que Fortalecen”.

“La caída del cabello es un signo más de la enfermedad y si bien no es lo más grave, supone darte cuenta de que padecés cáncer y la gente te mira con lástima. A las mujeres nos influye mucho en la autoestima”, contó Rita.

Alentada por sus hijos, Rita dio el primer taller sobre turbantes a unas 30 mujeres en diciembre del año pasado y desde entonces no paró más. Le pidieron que lo replicara en otros lugares y también en sanatorios. Los resultados fueron alentadores. Rita comprobó que las mujeres se sentía mejor, se animaban a salir de sus casas y sobre todo, se daban cuenta de que había mucho por hacer y que lo podían lograr. Hasta un oncólogo le pidió consejos sobre cómo implementar alternativas que les hagan bien a los enfermos de cáncer.

“La mayoría de las mujeres se impactan con la pérdida del pelo y no saben qué hacer, y como yo sé coser, es lo que puedo enseñar”, comentó. “Pensé que si me adornaba bien luciría mucho mejor y la gente no me miraría con lástima sino más bien con asombro pensando cuanto me adornaba. Hoy tienen mucho éxito mis sombreros, ya que son cómodos y cubren bien y sobre todo quedan muy elegantes”, contó la mujer que se animó a salir adelante.

Desafió los bajones anímicos saliendo de su círculo de pensamientos y auto consuelos, buscando una manera de ayudar a los demás. Hoy esta actividad la llena de alegría y como ella es tan agradable, son muchas las mujeres que buscan su consejo. Por esto nació el grupo “Vivir despeinadas” donde cada una cuenta vivencias, problemas o cosas que les pasan y que no siempre los médicos pueden responder. “Allí nadie consuela a nadie, sino que como dicen las integrantes, un día sos la que tira el guante y otro el que lo recoge”.

Ahora son 28 mujeres las que participan del taller y las que están un poco mejor. Y no sólo externamente porque lucen elegantes turbantes, sino anímicamente y con fuerza para enfrentar la enfermedad.

 

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