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WhatsApp versus la publicidad móvil

Los responsables del popular servicio de mensajería exponen su cruzada contra los anuncios en los dispositivos móviles. “La publicidad nos bombardea a diario y en WhatsApp no creemos que los smartphones sean un buen lugar para recibirlos, porque están conectados muy íntimamente a nuestras vidas. Un anuncio en un smartphone es una mala idea», afirmó el CEO de la firma que apuesta por el pago de una suscripción anual como medio de subsistencia.

Soy usuario de WhatsApp hace más de dos años y jamás ha llegado a mí una advertencia que anuncie la expiración de mi cuenta. Quizá sea el mío un hecho aislado o acaso la política de suscripciones de la compañía esté centrada en otros mercados de mayor peso que el argentino. Lo cierto es que este servicio de mensajería, lanzado en 2009 y hoy el más popular en su nicho, encuentra sustento monetario en el pago de una cuota anual cercana a 1 dólar. A excepción de los usuarios de equipos Apple quienes deben hacer uso de la chequera desde el minuto cero, la licencia para la aplicación es gratuita por el lapso de un año; luego es preciso pagar para seguir disfrutando del SMS killer.

A contramano de otros desarrolladores también exitosos, los fundadores de WhatsApp (dos ex trabajadores de Yahoo!) apuestan por la mentada estrategia para ganarse el puchero. Pero no se quedan en la afirmación “1 dólar al año”: los muchachos no se sonrojan al mostrarse como acérrimos enemigos de la publicidad móvil. En el marco de D: Dive Into Mobile, un evento destacado del sector organizado por el sitio AllThingsD.com, Jan Koum, CEO de WhatsApp, se despachó con algunas declaraciones en verdad interesantes. Una de las consultas hacia él: “¿Cómo hace la compañía para sobrevivir con 99 centavos de dólar al año por usuario?”. La respuesta fue breve: “Es simple. Hay que construir la plataforma y las ganancias llegarán”. Koum sostiene que en poco tiempo la población mundial de smartphones se incrementará en forma notable y que en tal contexto será en extremo sencillo alcanzar ganancias siempre y cuando se ofrezcan buenas herramientas para los usuarios. Entonces, la pregunta obligada: “¿Y por qué no incluir publicidades?”. Hagamos un punto aparte.

Ads go home!

La cruzada contra las publicidades es sostenida religiosamente en las oficinas de WhatsApp. “No hay chances de que eso ocurra”, asevera Koum. “Redactamos un manifiesto oponiéndonos a la publicidad… Estamos orgullosos de eso. ¿A quién le gustan las publicidades? La publicidad nos bombardea a diario y en WhatsApp no creemos que los smartphones sean un buen lugar para recibirlos, porque están conectados muy íntimamente a nuestras vidas. Un anuncio en un smartphone es una mala idea. No querés ser interrumpido por una publicidad mientras estás chateando con una persona querida”, sostuvo enfático el CEO.

Pensá rápido: ¿Existen servicios populares y popularísimos que sobrevivan sin publicidad? Televisión, pues no. Radio, no. Transporte, ya no. Páginas web, hay que decir que no. Afilá tus sentidos y mirá un poco más a tu alrededor: el agua, la luz y el gas, servicios tanto o más utilizados que los antes mencionados, ofrecen sus beneficios sin desplegar publicidades al tiempo que lo hacen. “Queremos ser como ellos”, afirmó Koum. “Nuestra estrategia de monetización es simple. Un dólar al año. Queremos un gran producto y una gran experiencia de uso”, agregó.

En directa relación a las declaraciones de Jan Koum en D: Dive Into Mobile, en el blog oficial de WhatsApp aparece una entrada titulada Por qué no vendemos publicidad, de interesante lectura en la consideración de su cruda sinceridad. Una cita tomada de la película Fight Club (El club de la pelea) anticipa el tono de lo que vendrá: “La publicidad nos hace desear coches y ropas; tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos”. El artículo propiamente dicho inicia con una mirada crítica hacia Google y Yahoo! (recordemos que los dos fundadores de WhatsApp trabajaron durante más de veinte años en esta última firma): “Brian y yo llevamos conjuntamente más de 20 años trabajando en Yahoo!, trabajando para que el sitio funcionara bien. Estábamos vendiendo anuncios, que era el negocio de Yahoo!. Yahoo! recolectaba datos, apoyaba sitios web y vendía anuncios. Estuvimos allí mientras Google nos superó en tamaño y poder… era un vendedor de anuncios más eficiente y lucrativo. La gente de Google sabía lo que buscaba, por lo tanto recolectaban tus datos con más eficiencia para vender mejores anuncios. Hoy en día estas compañías saben todo lo que hay de saber acerca de ti, tus amigos, tus intereses, y lo usan todo para vender anuncios”. Con conocimiento de causa, cuentan más adelante: “En cada empresa que vende anuncios, un gran número de los ingenieros pasan sus días ajustando la búsqueda de datos, escribiendo código informático para colectar tus datos personales, actualizando los servidores donde éstos se almacenan y asegurándose que todo está registrado, recopilado, cortado, empacado y enviado para que el producto final sea un anuncio un poco más personalizado en tu navegador o pantalla móvil.” Aseguran que los ingenieros de sus oficinas trabajan en la plataforma propiamente dicha y no en la recolección de información personal de los usuarios. “Tus datos privados ni nos importan”, dicen. Creer, o reventar.

Al momento de crear WhatsApp, Brian Acton y Jan Koum se propusieron dejar de lado aquello que tanto aborrecían de su anterior trabajo, en la creencia que el usuario está dispuesto a pagar siempre y cuando el servicio ofrecido represente una mejora en sus vidas, aunque ésta sea pequeña. Según ellos, la publicidad no tiene espacio en esta ecuación. Afirman con vehemencia que los anuncios “no sólo van en contra de la estética de una aplicación, sino que es un insulto a tu inteligencia y una interrupción para tus pensamientos”.

Sin establecer un juicio de valor respecto a las aplicaciones que incluyen publicidad, el éxito del modelo WhatsApp es una realidad insoslayable. Koum se animó a decir (de nuevo, sin sonrojarse) que ellos son más grandes que Twitter. Según afirmó el CEO, WhatsApp tiene más miembros activos que la red social del pajarito. Sostuvo además que procesan a diario más de 20 mil millones de mensajes. Tal como indicó AllThingD.com, este éxito llamó la atención de gigantes de Internet: solamente durante los últimos seis meses, se rumoreó el interés tanto de Google como de Facebook en hacerse de la plataforma de mensajería. Aunque las voces oficiales han negado estas negociaciones, cuando los trascendidos se repiten a veces terminan por volverse ciertos. Y si realmente todo ello fuera mentira, es difícil que circulen rumores de este tipo en torno a compañías que no hacen el mérito suficiente.

Cuando lo gratuito da dinero (para los desarrolladores)

WhatsApp no es el único soldado en la trinchera anti-publicidad: recibir dinero a cambio de la descarga es una de las formas que eligen los desarrolladores para subsistir en el poblado reino de las aplicaciones. Ahora bien, a menos que las espaldas sean en verdad anchas y volubles (por caso, ostentar tantos usuarios que conviertan a la aplicación en un objeto de deseo), competir con alternativas similares que se ofrecen en forma gratuita no resulta una faena sencilla. Existen cientos y acaso miles de herramientas muy eficientes que no corren la misma suerte que WhatsApp; están allí en las tiendas online sin que muchos estén dispuestos a entregarle siquiera algunos centavos.

En tal contexto, no son pocos los desarrolladores que se vuelcan por el modelo compuesto por la ecuación [descarga sin costo + publicidad]. Entonces lo gratuito tiene un precio: la atención de nuestras retinas y nuestras conciencias. Este tipo de política exhibe un anclaje adicional: si bien es cierto que la tendencia comienza a revertirse, un gran número de usuarios encuentra engorroso y poco seguro el proceso de compra en línea, prefiriendo reservar privados sus datos y el número de su plástico. De este modo, la publicidad es aceptada como un mal menor: estorba, pero concede cierto anonimato.

En el sitio español Xataka Android impulsaron a los lectores para que opinen bajo el tópico “¿Prefieres aplicaciones con publicidad o pagar por ellas?”. Un par de comentarios resumen el ardor popular. El primero de ellos, firmado por takizawa, dice: “Pagaría cada aplicación en la que valga la pena gastar dinero en ella. Pero me limita mucho el hecho de pagar la cuenta Visa o las otras que existen… Siendo sinceros, detesto la publicidad dentro de las aplicaciones. Me ha ocurrido muchas veces que estoy haciendo equis acción, aparece una publicidad y me hace perder el ritmo de lo que hacía, o quiero cargar ciertos datos dentro de una app y termina gastándome recursos de Internet en cargar el banner de publicidad. En resumen: pagaría por aplicaciones, si tan sólo me dieran la posibilidad de hacerlo y evitaría la publicidad”. Por su parte, afirma alvargutierrez: “En un mercado en el que las aplicaciones a veces ni siquiera llegan al dólar de coste, me parece que las versiones con publicidad son una molestia. Está bien que existan a modo de prueba de la aplicación, pero si realmente te son útiles y las usas a menudo, pagar unos céntimos por ellas me parece lógico, hay que apoyar al desarrollador. El principal problema de todo esto es el mero hecho de tener que pagar de alguna manera. A algunas personas nos da pereza y/o alergia meter los datos de la tarjeta de crédito y por ello no utilizamos aplicaciones de pago”.

Te propongo un breve experimento: Gugleá “app publicidad” y verás que la mayoría de los resultados apuntan a herramientas capaces de bloquear las publicidades dentro de las aplicaciones, dando cuenta de que la publicidad es un mal necesario, pero ante todo (para el usuario) es un mal. Aquel camino nos llevaría a una escena utópica: aplicaciones gratuitas sin publicidad. Pero el propio Google se encargó de traernos nuevamente a la realidad. Recientemente, la firma del buscador (dueña de Android, por cierto) emprendió una limpieza en la tienda Google Play (ex Android Market) eliminando las herramientas de bloqueo de anuncios como AdBlock Plus, AdFree y AdAway, entre otras, prestando oídos a naturales reclamos de los desarrolladores. La clausula 4.4 de la plataforma así lo indica: “Acciones prohibidas: Acepta no participar en ninguna actividad con Market, incluido el desarrollo y la distribución de Productos, que pueda suponer una interferencia, alteración, daño o acceso no autorizado a dispositivos, servidores, redes u otro tipo de propiedades o servicios de terceros, incluidos, entre otros, los usuarios de Android, de Google o de cualquier operador de red móvil. No puede utilizar la información de cliente obtenida a través de Market para vender ni distribuir Productos fuera de Market.”

Aunque con cuarteles generales en la Web más que en los dispositivos móviles, la red social LinkedIn estableció un cambio de paradigma en su política publicitaria. Hace pocas semanas anunció que sus nuevas aplicaciones para iOS y Android respectivamente, por primera vez incluirán anuncios. En declaraciones a la agencia de noticias Reuters, desde la social media corporativa sostuvieron que se trata de un “pequeño experimento”. Este movimiento tiene lugar en el marco de un crecimiento del 10 por ciento respecto a 2012 en cuanto a la cantidad de usuarios que se conectan a LinkedIn desde móviles, actualmente establecida en un cuarto del total.

Mientras tanto, en WhatsApp dicen: “Cuando la gente nos pregunta por qué cobramos por la descarga, nosotros respondemos: ‘¿has considerado cuál sería la alternativa?’”.

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