Google Glass: ¿Hasta dónde avanzará el tren de Google?

Las gafas de realidad aumentada desarrolladas por el gigante de Internet prometen revolucionar el mercado y, en consecuencia, la vida cotidiana de los usuarios. Sin embargo, no todas son rosas para esta tecnología de vestir: voces se alzan en contra de Glass y los argumentos coinciden en las violaciones a la privacidad y en la robotización del ser humano. Incluso existe una agrupación anti-Glass autodenominada “Stop the Cyborgs”. Los detalles de la flamante enemistad.

La tecnología se vincula estrechamente con la novedad y la endorfina del estreno (ese vacío e incertidumbre) en ocasiones asusta más que un perro rabioso o el puño más fiero. Una leyenda dice que aquella fue la suerte de «El arribo del tren a La Ciotat», uno de los primeros filmes en la historia del cine. Eran los últimos días de 1895 cuando los hermanos Lumiere mostraron su invención en un salón parisino. Más allá del mundo real, el gran público nunca antes había visto imágenes en movimiento, en este caso, en las generosas dimensiones de una pantalla. El breve filme que mostraba la llegada de un tren de pasajeros a una estación (sigue haciéndolo en http://bit.ly/12nVY6f gracias a la magia de YouTube), provocó el temor de los novatos espectadores que saltaron de sus butacas al tiempo que el tren se aproximaba a la cámara, creyendo que la maquinaria arremetería en la sala. En este entretejido de pavores y tecnología puede anotarse, también, el caso de ciertas comunidades tribales quienes consideran que las fotografías capturan el alma de los vivos, encarcelándolas para siempre en la quieta imagen. No es necesario viajar tan lejos en tiempos y en espacios: mi madre, abanderada de los inmigrantes digitales, las pocas veces que toma un mouse lo hace con la misma tensión de los conductores que salen al tránsito porteño por vez primera. Conclusiones sobre estos tres casos y la analogía que sigue, al final de este repaso.

Lo revolucionario despierta temores y precisa de la costumbre para derribar aquellos sentimientos temblorosos. Más de un siglo ha pasado del trencito de los Lumiere llegando a la estación y una suerte similar corre ahora Glass, las gafas de realidad aumentada desarrolladas por Google, el gigante que ha trascendido las fronteras de Internet y participa en múltiples sectores de desarrollo. Las voces que se alzan en contra de este novedoso producto no son pocas; los argumentos coinciden en dos puntos: la invasión a la privacidad y la robotización del ser humano.

No me mires, no me filmes

Intermediarias entre la retina y la realidad, las gafas de Google no agotan su lógica en la realidad aumentada, la entrega de información contextual en un display que equivale a una pantalla de 25 pulgadas de alta definición. También permite navegar la Web, enviar mensajes, geolocalizarse y, entre otras funciones, Glass dispone de una cámara de 5MP, evidente en el margen superior derecho, la cual permite tomar fotografías y grabar videos a 720p mediante una orden verbal, aunque también se ha hablado de una app que permitirá hacerlo a través de un simple guiño de ojo. El contenido puede ser subido directamente a Internet. Este último ítem de su lista de especificaciones (su cámara) es el que más polémica ha generado, aun con anticipación a su salida al mercado e incluso con anterioridad a los primeros ejemplares distribuidos entre unos pocos afortunados testers.

Es cierto que son muchas las firmas en el libro de quejas. También es cierto que, incluso siendo casos aislados, la sed por hablar de Glass les entrega una gran difusión. Según publicó Daily Mail, el encargado de 5 Point Café, un bar de Seattle, dijo que los usuarios de Glass que deseen ingresar al establecimiento deberán hacerlo sin las gafas de Google. “Respeta la privacidad de nuestros clientes del mismo modo en que nosotros respetamos la tuya”, versa un cartel a la entrada del café. Este mismo medio reproduce la opinión de aquellos que desean prohibir el uso de las gafas en los parques, considerando que son en extremo más invasivas que otros dispositivos tecnológicos, cuya utilización y activación es más evidente. Los casinos también pusieron el grito en el cielo, aduciendo que la filosofía de las gafas va en contra de las regulaciones de las casas de juego y apuestas. ¿Temen a que Glass pueda ver más allá del lomo de los naipes? No tanto como aquello, aunque integrantes de este sector indicaron algo más cierto: por caso, en una partida de póker las gafas podrían ser utilizadas para transmitir la mano a un cómplice. En declaraciones al sitio ComputerWorld, Gary Thompson, vocero de Caesars Palace, dijo que “aquellos que porten Google Glass no serán admitidos” y que si insisten en mantener las gafas puestas “podrán ser arrestados según las leyes de varios estados”. Teatros, clubes nocturnos y cines se anotan en la lista de los que desean prohibir Glass de cuajo. Uno de los responsables de las salas de cine en Estados Unidos dijo públicamente que es cuestión de tiempo para que se prohíba el uso de las gafas de Google en estos espacios.

La preocupación ha trascendido los emprendimientos privados: el Congreso estadounidense envió una carta a la compañía mostrando su preocupación por la privacidad y la eventual capacidad de Glass de reconocer rostros. Google dijo que esta función no está en sus planes de desarrollo. Por otra parte, diversos legisladores de Estados Unidos, en particular en el Estado de Virginia, trabajan en una reglamentación para limitar el uso de Glass mientras se conduce, en la opinión que éstas pueden ser una distracción para los usuarios al volante. “Me gusta la idea del producto y creo que es el futuro, pero la última ley en la que trabajamos mucho fue para prohibir enviar mensajes de texto mientras conduces. En la mayoría de los casos son los jóvenes los que prueban las cosas nuevas. Son también los más vulnerables y menos hábiles conductores. Vemos muchos choques provocados por enviar mensajes y manejar, la mayoría involucrando a nuestros conductores jóvenes”, dijo un legislador.

Sobre este último punto, en el FAQ oficial del producto aparece la pregunta: “¿Puedo utilizar Google Glass mientras conduzco un automóvil o una bicicleta?”. La compañía responde que los usuarios deberán ajustarse a las reglamentaciones de cada Estado. Más adelante llama la atención el tono bromista de los de Mountain View, que anotan dos preguntas insólitas: “¿puedo usar Google Glass mientras manipulo un taladro percutor?” y “¿puedo bucear con Google Glass?”. Un poco de humor entre tanto veto no viene mal.

Realidad aumentada en el baño

Allen Firstenberg, uno de los que ha probado Glass en primera persona, reveló a Reuters que el dispositivo ha llegado a asustarle. Cuenta que ingresó a un baño público sin darse cuenta que llevaba puestas las particulares gafas. Algunos podrían sentirse incómodos. El baño, recinto paradigmático de la privacidad, ha sido un tema recurrente. ABC, de España, uno de los tantos medios presentes en el último Google I/O, cuenta que durante las conferencias para desarrolladores organizadas por Google, la gente se paseaba de aquí para allá con Glass, incluso en los baños. En el marco de una reunión con accionistas preocupados por las invasiones de Glass, el propio Larry Page, CEO de la firma del buscador, dijo que “nadie sufrirá un ataque de miedo cuando vea a alguien utilizar Google Glass en un baño, del mismo modo en que nadie siente terror cuando, en ese mismo espacio, ve a alguien con un teléfono capaz de tomar fotografías”.

Sin embargo, la analogía móviles-Glass propuesta por Page no es tan llana. No hace falta ser un gurú de la tecnología para comprender la diferencia entre un dispositivo que precisa ser puesto en posición para tomar una fotografía, de otro que lo está en forma perpetua. Una salvaguarda para este dilema es la incorporación en Glass de un indicador luminoso que revelará cuando se tome una fotografía o esté activada la función de grabación de video.

Por otra parte, una noticia reciente da cuenta que Google no predica con el ejemplo. Algunos, un tanto más drásticos, han calificado a esta compañía de “hipócrita”. La noticia cuenta que la propia Google ha prohibido el uso de Glass durante una reunión de accionistas que ha tenido lugar el pasado junio en California. Nick Harkaway, novelista e interesado en el mundo digital, dijo en su blog personal que, más allá del tinte curioso del repasado hecho, “hay un punto interesante en todo esto: Google admite que incluso antes de sacar el producto de la caja, hay algunos contextos en los cuales el uso de Glass es inapropiado”.

Por un mundo sin Robocops

Aunque en primera instancia la mención pueda parecer insólita, existe una agrupación anti Google Glass denominada “Stop the Cyborgs”, cuya base de operaciones funciona en stopthecyborgs.org. En este sitio se anota una suerte de manifiesto de esta organización la cual procura limitar el uso de las gafas de realidad aumentada, el control de información por parte de las corporaciones y el avance de las máquinas sobre los seres humanos. Los principios pueden consultarse allí, eso sí, en idioma inglés.

“Poco a poco las personas dejarán de actuar como individuos autónomos, al tomar decisiones y relacionarse con los demás y se convertirán en sensores de una red global. No habrá espacio en el que se pueda escapar de su perfil online y el sistema será controlado por un pequeño grupo de corporaciones”, sostiene este movimiento que divulga un logotipo para que aquellos que desean prohibir el uso de la “tecnología de vestir” en sus comercios y establecimientos, lo coloquen, a modo de advertencia. La nueva versión de “prohibida la entrada de vendedores ambulantes”.

Algunas conclusiones finales

Mi madre temiéndole al mouse, aquellos que tiemblan ante el flash de la cámara, y los espectadores del siglo XIX sobresaltándose ante la proximidad de una locomotora etérea, coinciden en un punto: temen, porque desconocen el verdadero mecanismo de la trama. Al igual que una llama que se enciende barriendo el pavor de la oscuridad, conocer ha sido históricamente la mejor arma de los valientes.

A diferencia de ellos, los enemigos de Glass saben de qué hablamos cuando hablamos de Glass. Si bien muchas de las críticas están basadas en especulaciones, los anti Glass no temen por algo que nunca ocurrirá. Aunque estemos o no de acuerdo con sus posturas, es innegable que el nuevo chiche de Google (ese nuevo tren de la tecnología) sí será capaz de traspasar la pantalla. Depende de quien conduzca la máquina.

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19 comentarios en “Google Glass: ¿Hasta dónde avanzará el tren de Google?

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