Inmigrantes en la tierra de los nativos digitales

Bienvenidos a la asombrosa telaraña que conecta el universo de los videojuegos, la ficción televisiva, las multitudes virtuales, el diseño en red, el software social y la albabetización digital.

Las culturas digitales y los nuevos roles de los protagonistas que forman parte del universo digital han llegado para redefirnir el escenario de la educación. Los nuevos desafios vienen de la mano del impacto sociocultural a partir de la implementación de las tecnologías en las prácticas comunicativas y educativas. Con ello aparecen los nativos digitales, aquellas que poseen habilidades innatas ante las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC).

El nativo digital, término acuñado en 2004 por Marc Prensky, un pensador estadounidense que refiere a los chicos menores de 12 años que nacieron y crecen con las nuevas tecnologías como parte de su entorno familiar y social cotidiano. Que viene con las reglas ya inscriptas en su esencia, aquellos que no temen y no se cansan de ensayar y arriesgar en el uso de las tecnologías. Aquellos que han servido para redefinir los paradigmas educacionales, y que plantean un escenario donde la motivación y la producción de conocimiento, serán las claves para lograr una educación 2.0 efectiva.

DattaMagazine dialogó con Alejandro Piscitelli, filósofo argentino y uno de los máximos referentes del nuevo escenario educativo vinculado a la web. Fue gerente general de Educ.ar y es docente en la UBA, donde analiza con sus alumnos los usos educativos de Facebook. Sostiene que “no sirve inundar con computadoras las aulas si no cambia el formato escolar estandarizado”.

Por esa razón es que Piscitelli hizo referencia a la importancia que debe tener el definir correctas políticas de educación en la era 2.0.

El paradigma del “aula expandida”, tal como la plantea Piscitellli, sería el de un ámbito en donde no se trabaje por materias, sino por proyectos, con herramientas subsidiarias de un cambio actitudinal. A partir de ello, el filósofo esgrime que: “No sirve de mucho enseñarle a un docente sólo una herramienta tecnológica, o quedarse con la postura de que están haciendo bien las cosas, o el limitarse a pensar en que la actitud del docente es sólo transmitir con conocimientos de un libro. Esto pasa en todas las profesiones, todo se centra en actitudes, por eso se parte de un trabajo que tenga anclaje en lo emocional, lo actitudinal, y después ahondar en la etapa de capacitación o entrenamiento”.

“Insisto en que a los docentes, sin generalizar, se les plantea una paradoja; y es que como personas se encuentran mucho más entrenados, usan más herramientas tecnológicas que como docentes. Entonces insisto, en que no se pueden meter en el aula herramientas de forma masiva, sin antes entender cuál es la función de las mismas en el 2011, es decir, entender lo que pasa en la sociedad, cómo resulta el entrenamiento para formar profesiones que aún no han surgido. Ahora los paradigmas se centran en pensar cómo se prepara a los ciudadanos del siglo XXI. No se trata sólo de un problema de actualizar las currículas o de tener manuales más nuevos, sino de entender que la forma de saber qué pasa en el mundo, no es sólo a través del tradicional libro, sino que también dependerá de otros medios”, agregó Piscitelli.

Para entender el escenario educacional, empapado de tecnología, Piscitelli enfatiza que “No hay que pedirle a la escuela lo que no tiene, y lo que nunca va a dar. Se trata de un espacio conservador de la identidad, de la memoria y está muy bien que así sea. Creo que la escuela perdió el monopolio cognitivo. Hoy los chicos son más rápidos, son nativos digitales, es un mundo tan disntinto al que había que es muy difícil imaginarse cómo hacer que coexistan estos ámbitos. Por eso, creo que hay que valorar un poco más lo que se aprende fuera de la escuela, y concentrase en otras cosas, como ser la inteligencia emocional, la socialización que tiene que ver con el cruce de clases, otras formas de vivir en el mundo y demás cuestiones. Hoy la escuela está centrada en la lógica, la matemática, la lingüística y deja afuera todo lo otro”.

Trazando un imaginario social de cómo será el escenario escolar en una década, Piscitelli, agrega que “no veo la educación muy diferente a la de ahora, desde el uso de los celulares, hasta las redes de conectividad. Lo que se está viendo es un divorcio creciente, como decía Alicia en el País de las Maravillas “en un mundo en movimiento, el que se queda en el mismo lugar, retrocede”.

Con respecto a la distancia que existe entre esta nueva generación 2.0 y los que Piscitelli denomina como “inmigrantes digitales”, aquellos que quizás necesitan del tradicional uso del manual para entender cómo funciona un aparato tecnológico, agrega que “decir que el nativo digital viene con las reglas inscriptas quiere decir que no le tiene miedo y no se cansa de ensayar y arriesgar. Hace mucho ensayo y error, pero no en forma repetitiva, si no nunca aprendería. De un ejemplo saca un caso hasta convertirlo en una regla. Practica la abducción. La diferencia es que antes había pocos aparatos en las casas, a lo sumo un televisor y una videograbadora. La transformación más profunda no la genera necesariamente la computadora sino la combinación de computadora, Internet y celular. Nosotros, los inmigrantes digitales, además de animales de costumbres somos animales de interfases simples. Abrimos un libro, lo miramos, lo leemos y lo cerramos. Ya está. Si el libro fuera un “Kindle” (el libro electrónico de Amazon), ya nadie lo leería, no sabría dónde apretar. La interfaz tiene que ser muy simple para un adulto. De todas formas, no se trata de una díada nativos versus inmigrantes. Si una persona nació antes del 89/90 y tiene incorporado el lenguaje de las pantallas es un migrante digital y así hay otras variantes. Pero no debemos perder de vista que todas ellas, finalmente, no describen a la mitad del mundo que está excluida, que está fuera del mapa”.

Quizás lo más llamativo de escuchar estos terminos “nativos” e “inmigrantes”, es pensar en el inevitable desafio que supone el tratar de desarrollar aquellas habilidades e intereses desencontrados que pueden aparecer en una persona que nació antes de los 90. Aprender cómo manejar esa especie de frustración de unos y las interacciones de otros, casi en plan contestatario contra quienes subestiman o desconocen los cambios que otros reconocen.

Construir a los nativos digitales como objeto de estudio requeriría de investigaciones comparadas y pruebas de campo en biología evolutiva, neurología, motricidad, sociabilidad, entre muchas otras aproximaciones.

Los llamados “Multitask”

A partir de 1990 se gestó una generación que las voces de la gente del ambiente que estudia los pros y contras de la era digital dieron en llamar “Multitask”. Se trata de jóvenes (teniendo en cuenta este irrefutable 2011) “multitarea” y bien claras tienen las diferencias con los “inmigrantes digitales”, quienes -más que sospechar- confirman redondamente que las herramientas del mundo digital no hacen más que dificultar la vida.

Es escuchar una campana y la otra: desde el momento en que quienes nacieron con internet, celulares, pantallas gigantes y demás menesteres cercanos a la familia de los Supersónicos reafirman que sus padres “no los entienden” y estos, por momentos sojuzgados por el desconcierto tecnológico, aducen “no estamos muy seguros de cómo ayudar a comprender de qué se tratan y cómo abordar las nuevas formas de conexión/comunicación” (barra interpuesta unilateralmente, porque será tema aparte decodificar correctamente si conexión es igual a comunicación), se genera un shock, mejor dicho una barrera difícil de soslayar. En palabras más sintéticas, inferidas por el psicólogo Carlos Neri, especialista en tecnología y educación: «Los chicos se quejan de que los padres no entienden y los padres se quejan de que no entienden la relación que tienen ellos con la tecnología. Están cambiando su forma de percibir el acceso a la información y a la comprensión de las relaciones intersubjetivas. Los profesores y los padres, en muchos casos, provienen de otro paradigma, con más mediaciones y algo confundidos por los tiempos de los chicos».

¡Y es que es eso! ¡Y solamente eso! ¿Qué posibilidades simplistas hay de ahondar en conversaciones fértiles entre padres e hijos cuando la manera, la capacidad, el tenor de lo que quiere ser transmitido es emitido y codificado de cierto modo por los padres y decodificado de forma diferente por los hijos? ¡Y viceversa! La respuesta: muy pocas.

Y también es que estos nuevos tiempos nos empujan a ser más flexibles, sea cual sea la franja etárea, se trate de los 15, 25, 35 y 50 años (¡o más!), porque los tiempos corren, rápido, más rápido de lo que se desea…y, o se vive el aquí y el ahora, adaptándose uno a un futuro en constante cambio o uno se queda afuera… Pero a pensar bien: si se toma la decisión de quedarse afuera, aténganse a las consecuencias de saber que los hijos –que serán el futuro del mundo- correrán el destino cierto de los valores y de la adaptación al mundo que se les haya transferido.

Atentos a todo esto, ya no será cuestión de “nuevas tecnologías”, o por caso “inmigrantes o nativos digitales”, sino de cuánto amamos la vida y el hecho de haber salido sorteados para vivirla.

La tendencia en cifras

-El 60% de los chicos dice que sus padres y maestros no usan Internet.

-Sólo el 4,7% de los padres se sienta con ellos en la PC o los ayuda a usar el resto de las tecnologías digitales.

-El 77% considera que Internet es imprescindible.

-Sólo el 1,9% juega con su papá y el 1,6% con la mamá.

-El 91% utiliza la PC para comunicarse con sus amigos, principalmente a través del chat. Y el 99 % utiliza el MSN Messenger.

-El 30% de los chicos tiene PC en su cuarto. El 83% de ellos accede a Internet sin control de los padres.

Fuente: Encuesta de Educ.ar.

Magalí Sinopoli
magali.sinopoli@dattamagazine.com

Este artículo pertenece a la edición de diciembre de 2011 de DattaMagazine. Podés leerlo en su versión original en http://dattamagazine.com/diciembre-2011/