La paternidad electrónica

A los chicos hay que cuidarlos cuando están en la web - DonWeb Blog

La exposición de los adolescentes a los peligros que presenta la red global, alerta a los padres acerca de los cuidados y controles que deben ejercer sobre los más jóvenes.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición de octubre de 2010 de DattaMagazine, la revista de tecnología de Dattatec.
Autor: Magalí Sinopoli – magali.sinopoli@dattamagazine.com

Especialistas han determinado que los jóvenes de hoy están cada vez más expuestos a los peligros que conlleva Internet. Frente a la aparente amenaza que puede significar a los miembros de la familia, muchos padres han decidido ponerse al día con el uso corriente de la tecnología y hacerse amigos encubiertos en las diversas redes sociales, para controlar a sus hijos, los cuales, en muchas ocasiones no están ni enterados que se trata de sus progenitores bajo algún seudónimo.
La brecha entre opiniones acerca de que si es correcto o no que los padres ejerzan este tipo de control, de manera encubierta, puede resultar muy delgada.

DattaMagazine dialogó con especialistas en la psicología infantil y todos coincidieron en un punto: “el control debe ser moderado”. En lugar de hacer sentir al adolescente hostigado y perseguido, la recomendación viene por el lado de la independencia, ya que la comunicación excesiva de los padres para con los hijos, puede conducir a la inseguridad de los hijos y, a la larga, a la falta de confianza. Es por ello, que la manera más práctica, según los que entienden, es mantenerse conectados a las diversas actividades que desarrollan los jóvenes y, al mismo tiempo, ofrecer una protección y un control sobrevolado.

La complicidad puede ser muy amiga de los padres a la hora de pedir alguna explicación. Muchos adolescentes aducen que les molesta tener que aceptar a sus padres como amigos en las redes sociales, como Facebook o Twitter, pero que deben hacerlo, ya que muchas familias lo ponen como una condición sine qua non. Por ello, las generaciones que nacieron sin una PC en la mano, tuvieron que familiarizarse con el mundo virtual.

Sonia Livingstone, presidenta de la International Communication Associattion, agregó que: “La escasa preparación de los padres en el mundo virtual deja expuestos a los menores a contenidos no apropiados».

Por otro lado, Alejandro Castro, director del Observatorio de Convivencia Escolar de la Universidad Católica, agregó: “La violencia contra los chicos a través de las nuevas tecnologías es omnipresente. Sin embargo, sólo el 20% de los padres reconoce haber fijado normas para que sus hijos usen bien esos recursos».

También los especialistas de la asociación civil Chicos.net han llegado a la conclusión, a partir de diversas investigaciones, que la «protección de los chicos es insuficiente» en relación al uso que hacen de las nuevas tecnologías. «Ni padres, ni docentes, ni los propios chicos tienen percepción de que existen riesgos», afirman. «Los padres no saben de tecnología y, por su desconocimiento funcional, se autoexcluyen del rol de adulto que debe brindar guía y protección», dice Andrea Urbas, del Programa Internet Segura de la ONG.

Pero, ¿cómo hacerse amigo de Facebook?, ¿a qué adolescente le gustaría tener a sus padres entre la lista de contactos?
Para muchos chicos, el mundo virtual que logran generar paralelamente al real es sagrado. Aquí, en esta Matrix, se animan a hacer o decir cosas que en la vida real son impensadas. O cumplen con objetivos que serían imposibles de cumplir en carne y hueso, y ni que hablar del prestigio y reconocimiento que logran tener entre los cibernautas.

Adriana Sebastianelli, licenciada en Terapia Ocupaciones y directora de la carrera en la Universidad Abierta Interamericana (UAI), coincide con las demás opiniones, acerca de que es aquí donde se debe dar el punto de inflexión por parte de los padres: “por temor que a los jóvenes les pase algo, los padres aducen que es necesario utilizar la mentira, y crear perfiles encubiertos para que sus hijos los acepten como amigos y poder controlar. Una cosa es supervisar como padre y otra muy distinta es encubrir la realidad”.

“Estoy de acuerdo con la guía y la supervisión desde la verdad y la realidad, sin hacernos pasar por otro personaje, ya que corremos el riego de que se nos pueda ir de las manos. Entonces, hay que controlar por temor a la violencia por ejemplo, pero si los padres apelan sólo a la red social virtual para poder interactuar, son otras las cuestiones sociales que están fallando. Si el chico tuviera una fuerte presencia de otros entornos sociales, como el club deportivo por ejemplo, acordes a la edad de cada uno, estas cosas no pasarían. Se trabajaría en la sociabilización del individuo. Eso vislumbra que el verdadero problema reside en una falla enorme en la comunicación personal. Una cosa es supervisar como padre y otra muy distinta es encubrir la realidad. Todos los extremos son patológicos”, agregó Sebastianelli.

El control surge a partir del temor: “Es lógico. Se realizó un estudio en la Universidad Abierta Interamericana, con un muestreo de personas de 18 años, y pudimos detectar que lo que les estaba faltando eran las habilidades sociales. Llega un punto en donde se pierden las costumbres como saludar, agradecer y esas cuestiones que de a poco fueron desapareciendo. Eso, en parte se debe a que se fomenta la individualidad. Es muy común ver que los perfiles de los jóvenes que se aíslan en sus mundos virtuales, son personas con ciertas tendencias al aislamiento y a la depresión, justamente porque el anclaje se da por la falta de contacto con el otro. Todo este tema de la virtualidad permite no ser uno mismo, eso ha generado que en la educación, por ejemplo, los modelos pedagógicos hayan ido cambiando, instrumentando modelos que sean divertidos, que generen poco esfuerzo y con calificaciones altas. Lo que se está viendo, en base a los resultados, es que las sociedades tienen exigencias que ellos no pueden responder. Es por ello que los modelos educativos han tenido que adaptarse al mundo de hoy y a los avances tecnológicos. La idea de vertiginosidad que plantea la red, se puede determinar si se tienen fijados otros valores sociales, como lo es la interacción personal con otros miembros de la sociedad. Estos chicos enfrascados en Internet tienen muchos más inconvenientes para trabajar estas cuestiones. No hay nivel de frustraciones; como todo es tan inmediato y todo cuesta tan poco, se pierden otros parámetros que lleven a contemplar esfuerzos en la vida cotidiana. El sobreuso, siempre es malo”, finalizó la Lic. Adriana Sebastianelli.

Siempre están los chicos malos
Ron Bowles es un especialista en temas vinculados a la seguridad en la red. Por ello, entre varias publicaciones, “Pirate Bay”, despliega una lista de 100 millones de perfiles que han sabido violar los filtros de las redes sociales, y con ello poner en evidencia de que todo es posible y que siempre existen los chicos malos que se dedican a demostrar que con tiempo todo es posible.

Bowles afirma «soy de la opinión de que si yo puedo hacer algo, hay mil chicos malos que también lo pueden hacer, por lo que creo que es necesario sacar a la luz este tipo de problemas».

El informático explicó que sí, «se trata sólo de información pública, por lo que hay poco daño en la divulgación de la misma», pero si alguien ha decidido cambiar su privacidad los datos continuarán publicados en la red.

España no hace oídos sordos a la cuestión y realiza estadísticas permanentes en cuanto al riego al que se exponen los jóvenes, brindando información permanente en la red sobre las actividades que realizan en su jornada. Así quedan más expuestos a los riegos de secuestros, abusos y peligros de las sociedades de hoy.

En una conferencia en España, se destacó que sólo el 15% de los padres controla el uso que hacen sus hijos de la web. «El riesgo es grande. Mientras navegan, los chicos se encuentran con excesiva frecuencia con experiencias negativas para las cuales no están preparados. Es habitual que envíen y reciban imágenes sexualmente provocativas, que revelen datos sobre su identidad o se encuentren con mensajes relacionados con el suicidio, la anorexia o el consumo de drogas a través de la web», advirtió la especialista.

Eurobarómetro es un registro que integra información sobre distintos países y abunda en ejemplos sobre el «descuido» que sufren los chicos como usuarios de Internet: en Gran Bretaña, por ejemplo, casi el 60% había visto pornografía una vez por semana y 3 de cada 10 habían descargado contenidos violentos; y, en Holanda, cerca del 80% de los chicos habían recibido preguntas sexuales mientras navegaban: a más de la mitad les habían pedido que se desnudaran frente a la webcam, y 1 de cada 3 varones y el 10% de las mujeres lo habían hecho.

En Argentina el tema trepó posiciones en el ranking de preocupaciones cuando, poco tiempo atrás, se supo que una banda de pedófilos buscaba víctimas en fotologs de adolescentes.

Un estudio realizado por la Sociedad Argentina de Pediatría reveló que uno de cada cuatro chicos vivió situaciones desagradables mientras navegaba en la web. ¿Los padres? Más del 30% confió que no conocía el nick (sobrenombre) que usaba su hijo para chatear y más de la mitad reconoció que ignoraba los contactos que tenía en Internet.

El control de los padres no sólo debe limitarse a la cantidad de horas que le restringen a sus hijos el uso de la web, o a la prohibición de acceder a ciertas páginas, sino que también deben trabajar en la sociabilización de los jóvenes, para lograr un equilibrio entre el mundo real y el virtual.