LG G2: Una experiencia con botones en la espalda

Testeamos el smartphone insignia de la firma surcoreana, cuyo arribo al mercado argentino tuvo lugar hacia finales de 2013. Con pantalla de 5,2 pulgadas y procesador Snapdragon 800 de cuatro núcleos a 2.26GHz, se destaca en el segmento por la presencia de controles en su cara posterior. ¿Es realmente útil esta posición, o es tan sólo un gesto para decir “soy diferente”?

Aunque usted, lector, se encuentre leyendo las primeras líneas de un review que tiene como protagonista excluyente a un teléfono móvil, debo advertirle que comenzaré hablándole de asuntos que exceden a la industria tecnológica aunque, vale decir, también le incluyen. Para comenzar diré que aquel que pretende ser distinto asume riesgos: habrá aplausos en el caso de que su innovación seduzca, o sentirá los crueles abucheos si la novedad no cala en los corazones. O quizás algo peor: la indiferencia. Por el contrario, aquel que opta por emular al exitoso (por lo general nadie elige imitar al que fracasa) podrá ser acusado de plagio aunque nunca de extravagancia. Copiar no es un acto condenable: supone dar crédito (es bueno hacerlo explícitamente), aceptar que otro lo ha hecho bien y que conviene avanzar por su huella. Y en esa huella siempre habrá algo para rascar.

Habrá imaginado: aquella reflexión no es mía; la habré oído de otro y la copie aquí. Una vez dicha, podemos avanzar hacia el segmento móvil, el sector que marca el pulso de la industria tecnológica contemporánea. El terreno, es sabido, está superpoblado: la Organización Internacional de Telecomunicaciones (ITU) estima que durante el año en curso habrá tantas suscripciones móviles como habitantes en el mundo: 7 mil millones. En tal contexto, ningún lector que haya repasado someramente este segmento se extrañará con la siguiente revelación: aunque existan decenas de fabricantes de smartphones, los productos no son muy diferentes los unos de los otros. Puestos a hablar de software, la afirmación se vuelve evidente en un sector dominado ampliamente por Android, el sistema operativo de Google. A la hora de hablar de hardware, las diferencias están dadas, principalmente, por los segmentos: un celular básico es esencialmente diferente a uno que se inscribe en la gama alta. Ahora bien, ¿son muy diferentes entre sí las terminales que ocupan una misma gama? ¿Cuál es el refugio para la innovación?

Este review es encabezado por un smartphone que, desde un aspecto particular de su fisonomía, apuesta por diferenciarse. En vez de ubicar los botones físicos que usualmente aparecen en una de las caras laterales, los mismos saludan desde la espalda del equipo. No hay misterio, pues ya lo anticipa el título de esta nota: hablamos de LG G2, un teléfono móvil que se vende en el mercado argentino desde fines de 2013 y que está disponible a través de las tres operadoras locales (Claro, Personal y Movistar). Al momento de este repaso su precio de venta parte de los 5799 pesos, cifra que asciende según el plan contratado.

G2: Una apuesta por la espalda

Cuando asistí a la presentación del Lumia 1020 de Nokia (mi experiencia de uso en esta nota de DattaMagazine, en el marco de un viaje por el sur argentino), uno de los disertantes hizo hincapié en un asunto en el que yo no había reparado particularmente: por su cámara de 41 megapíxeles, el smartphone logra que nos enfoquemos en su espalda -en la cual sobresale una protuberancia que propicia esta calidad fotográfica- en vez de centrar las miradas en los brillos de su cara delantera, tal como ocurre tradicionalmente.

Con G2 de LG, ocurre algo similar. Cuando en agosto de 2013 la firma de origen surcoreano mostró al mundo esta terminal, la gacetilla de presentación llevó un título elocuente: “G2 introduce una nueva dimensión en el diseño de smartphones”. La referencia es evidente: LG vislumbró que la presencia de botones en la cara posterior sería el caballito de batalla de este producto. Dijo la compañía: “G2 cambia el paradigma de diseño con la colocación de todos los botones en la cara posterior del dispositivo, haciendo de éste el primer teléfono inteligente completamente carente de botones laterales”. En aquella misma gacetilla, LG explicó que esta elección es el resultado de un exhaustivo estudio entre usuarios el cual arrojó la siguiente conclusión: al tiempo que las dimensiones de los smartphones crecen (la tendencia tiene nombre, “phablets”, un poco “phones” y un poco “tablets”), mayor es la dificultad que el usuario experimenta para operar los comandos que usualmente aparecen en los laterales. “Mover los botones principales a la cara posterior del teléfono entregó a los usuarios más control, ya que este lugar es donde se encuentran de forma natural los índices”, afirmó el fabricante. En esta misma línea, LG explicó en este video de presentación que “no hay mejor tecnología que el ser humano” y, bajo su nombre, anotó un elocuente eslogan: “Aprendiendo de vos”.

Un asterisco necesario: ¿Para qué sirven estos botones? Se trata de los clásicos controles de volumen, con la adición de un botón central que bloquea y desbloquea el equipo y que, al pulsarlo en extenso, permite apagarlo, reiniciarlo y acceder a otras funciones del teléfono.

Las gacetillas siempre serán auspiciosas, ¿pero qué dice la experiencia real? (al menos la mía)

Tengo a G2 entre mis manos; con su pantalla de 5,2 pulgadas y un ancho de 70.9 milímetros, advierto que mi índice se acomoda en forma más sencilla en el lateral del dispositivo que en su cara posterior. Sosteniendo el equipo con una mano (observando la generosa pantalla) para ir hasta los botones allí dispuestos debo emprender un pequeño trayecto al cual mis dedos no están acostumbrados. No obstante, aparecen algunas salvedades sobre este asunto. Por un lado, le confieso, lector, que mis dedos son largos, por lo cual mi experiencia puede ser diametralmente opuesta a la del usuario o usuaria de huesos más cortos que los míos. Sin embargo, no considero que esta salvedad sea suficiente para dar crédito a esta ubicación. Por otra parte, sí encuentro un pleno beneficio de esta elección por parte de LG cuando utilizo el smartphone en forma horizontal, por caso, al momento de ver un video de YouTube o jugar algún videogame. Por último, aparece un factor fundamental en la experiencia de cualquier usuario: la bendita costumbre. Admito que el primer día de uso mis dedos se sintieron incómodos con aquellos botones en la espalda, al día siguiente comencé a tomar el equipo de una forma en la cual mi operación fue más eficiente.

Finalmente, el punto a favor para G2. Al momento de entablar una conversación telefónica (con el smartphone naturalmente ubicado en proximidad del rostro) no hay mejor lugar que la cara posterior del dispositivo para que el índice se las arregle para subir o bajar el volumen sin necesidad de alterar aquella posición. Supongo que las pruebas realizadas por LG se concentraron en este tipo de actividad: usuarios entablando llamadas.

G2, más allá de sus botones

Voy a “Ajustes”, “General”, “Acerca del teléfono”, “Información de Software”. Se revela, ante mis ojos, la versión de Android que corre en el teléfono: Android 4.2.2. En esta nota de un sitio especializado en el sistema operativo móvil de Google es posible acceder a información en torno a la actualización a la más reciente versión del soft: KitKat.

Por supuesto, hay más detalles en la ficha técnica del equipo: Su procesador es un Qualcomm Snapdragon 800 de cuatro núcleos a 2.26GHz; GPU Adreno 330 para sus gráficos; llega con alternativas de memoria de 16 y 32GB (el que tengo entre mis manos es el de más alto grado para almacenamiento interno, una consideración sobre este respecto más adelante); su RAM es de 2GB; y su batería es de 3000mAh con una autonomía que promete un día completo de uso sin recarga, promesa que pude verificar de primera mano.

Tal como he dicho anteriormente, su pantalla es de 5.2 pulgadas, Full HD IPS con una resolución de 1080 x 1920 píxeles y 423 píxeles por pulgadas. Agrega dos cámaras: una principal de 13MP con estabilizador óptico, y una frontal de 2.1MP. Por otra parte, promete calidad de sonido Hi-Fi (por encima a la calidad de un CD, según indica LG) en la creencia de que los “smartphones se han convertido en estaciones de entretenimiento de todo tipo”. Dimensiones: 138.5 x 70.9 x 8.9 milímetros. Su marco es de sólo 2.65 milímetros. Incluye los clásicos sensores: giroscopio, brújula, de proximidad y acelerómetro. Conectividad: WiFi, Bluetooth, 3G y LTE.

Dos buenas adicionales: vale destacar la atinada elección de un diseño de líneas redondeadas y la inclusión de los controles delanteros on screen, característica que propicia una mayor superficie de pantalla. Y por último, un punto en contra, máxime teniendo en cuenta que hablamos de un equipo de gama alta: su memoria interna no puede ser expandida mediante una tarjeta.

Una conclusión

G2 se postula como pionero en la inclusión de botones en su cara posterior. Si bien ya existieron otros que lo hicieron, como el Motorola Backflip, hay que darle crédito a LG. Esperé su llegada hasta mis manos con un excluyente objetivo en mente: husmear con mis dedos los celebérrimos controles en la espalda. Más allá de mis impresiones al respecto, antes anotadas, G2 es un dignísimo competidor en la gama alta del segmento: es ágil, su calidad gráfica es brillante y añade una función sencilla pero atractiva: dos golpecitos de pantalla son útiles para desbloquear o bloquear el equipo. Acaso, una solución para el momento en que el smartphone está apoyado sobre una mesa y resulta en verdad incómodo ir hasta su espalda para presionar un botón.