Telefonía modular: La industria crea a su propio enemigo

Motorola echó luz sobre Project Ara, un cautivante proyecto que prevé democratizar la telefonía móvil llevando a manos del usuario un proceso hasta ahora encerrado entre los muros de las plantas industriales. ¿Su implementación determinaría el fin de la obsolescencia programada?, ¿los fabricantes propiciarán su difusión?

Google, poderoso entre los poderosos, en 2011 desembolsó 12.5 millones de dólares para sumar a sus filas a Motorola, una legendaria compañía del sector móvil. Hace algunos meses apareció Moto X, el primer smartphone en cuyo desarrollo la firma del buscador participó activamente y a cuya presentación local DattaMagazine asistió el pasado septiembre. Mientras una versión más económica (Moto G) hace su aparición en el mercado, The Wall Street Journal ha dicho que el desempeño de Moto X ha decepcionado: las ventas en el tercer trimestre de 2013 se estiman en 500 mil unidades. A modo especular, Samsung ha despachado más de 10 millones de unidades de Galaxy S4 en ese mismo período.

Moto X, S4, iPhone y el 99,9 por ciento de los smartphones que podamos graficar en nuestro pensamiento se anotan, según los criterios de este repaso, en un idéntico grupo: son teléfonos que se ensamblan según el pleno deseo del fabricante. Es aquel quien decide qué componentes llevará, en qué gama se anotará e incluso, como veremos más adelante, qué día pasará a desuso. En este terreno ha aparecido una propuesta revolucionaria la cual ha cobrado difusión, precisamente, de la mano de Motorola y Google. Hablamos, sin más rodeos, de la telefonía modular. TechCrunch ha calificado a este movimiento como “apasionante”. Suscribo.

Motorola ha bautizado a este nuevo aire en la industria con el nombre Project Ara. La propuesta es verdaderamente cautivante: los componentes de hardware del teléfono móvil se despliegan en diversos módulos; éstos se acoplan a un endoesqueleto el cual entrega cohesión y forma al dispositivo, que nunca es definitivo. De este modo, la diagramación de la ficha técnica de un equipo pasaría a manos del usuario en un movimiento que puede ser descrito como la democratización del ensamble, estableciendo un válido paralelismo con la filosofía open source la cual gana terreno en diversos sectores de la industria, incluso en la automotriz. “Queremos hacer por el hardware lo que Android ha hecho por el software: crear un ecosistema de desarrolladores vibrante, disminuir las barreras para entrar en él, incrementar el ritmo de la innovación y reducir sustancialmente la línea de tiempo para el desarrollo”, afirmó al respecto Motorola en una entrada publicada en su blog oficial.

En términos prácticos (si esta concepción de desarrollo se implementase y fuera eficiente) a la hora de comprar un nuevo equipo los usuarios podríamos, por mencionar algunos ejemplos, escoger el RAM, acoplarlo a una determinada pantalla con nuestra preferencia en píxeles, añadir un teclado físico, optar por el número de MP que más se ajuste a nuestro deseo, incorporar una mejor batería, entre otras opciones de ensamble. Y hay más: derribando la lógica de actualización que hoy rige el mercado móvil, si deseáramos cambiar un componente específico de nuestro equipo ya no será necesario deshacernos del mismo y comprar uno nuevo; bastará cambiar uno de los módulos. El mecanismo es similar al que muchos usuarios de PC emprenden con sus gabinetes: por caso, para contar con una mejor placa de video no es necesario cambiar todos los componentes que dan forma al equipo. “Nuestro objetivo es avanzar hacia una más profunda, expresiva y abierta relación entre los usuarios, los desarrolladores y sus teléfonos. Entregarte el poder de decidir qué hace tu teléfono, cómo luce, dónde y de qué esta hecho, cuánto cuesta y cuánto tiempo lo usarás”, afirma la subsidiaria de Google.

Estos aires calmarían las aguas de la actualización y, en tal sentido, la telefonía modular anota un nuevo poroto en su listado de beneficios: en un mundo en el cual se generan toneladas de chatarra electrónica, que los smartphones vivan más años en nuestros bolsillos es una buena noticia para la salud ambiental. Los móviles no son pocos, tampoco es poco el volumen de basura que generan: según datos provistos por la Unión Internacional de Telecomunicaciones, hacia fines de 2013 se espera que existan 7 mil millones de suscripciones móviles, la misma cantidad de personas que habitan el mundo.

La presentación en sociedad de Project Ara está fechada para el 28 de octubre. Anteriormente, durante la primera quincena de septiembre, la telefonía modular aparecía en forma más timorata (sin los bríos de Google) en algunos repasos divulgados en la Web. Por entonces se daba a conocer un trabajo de Dave Hakkens bajo el nombre Phoneblock (más detalles en este video). Se mostraba una placa con perforaciones capaz de incorporar distintos elementos, convirtiendo la elección de un dispositivo móvil en una suerte de juego de encastre. Por entonces, según indicaban en SmartphonesWorld.es, el objetivo de Phoneblock era ganarse la amistad de las empresas y fabricantes que impulsen esta idea. Fue la mismísima Motorola (y su padrecito, Google) quien incorporó a su equipo de innovación a Hakkens y la experiencia de su startup en este terreno. Acaso, sin estas anchas espaldas no estaría aquí escribiendo este repaso en torno a la telefonía modular y su eventual aparición en el horizonte de un mercado en el que no se vislumbraba un sol semejante hace años.

Junto a Hakkens, Motorola ha prometido que en breve pondrá a disposición el Module Developer’s Kit, una plataforma para invitar a que los desarrolladores comiencen a crear módulos. Además, emulando un mecanismo de pruebas que Google emprendió para sus gafas inteligentes, indican que la firma ya recluta “Ara Scouts”, usuarios que pondrán en funcionamiento este nuevo proceso de ensamblado para aportar información de valía para la compañía.

Phoneblock no es el primer ejemplar de la modularidad en las arenas móviles. Registramos, al menos, dos antecedentes. En un ya lejano 2008, Xataka reseñaba un equipo de nombre Modu, el cual era presentado en el Mobile World Congress de aquel año. Se trataba de un equipo capaz de acoplarse a otras carcasas para añadir potencia a su oferta. Más tarde, hacia 2011, Microsoft patentaba un concepto similar, con la posibilidad de añadir a un teléfono distintos componentes, como un gamepad en lugar del teclado, o insuflar el equipo con una batería más potente, según informó Engadget.

¿Un enemigo de la industria?

“Las heladeras de antes duraban cien años”. ¿Quién no ha oído alguna vez esta sentencia? Hay algo cierto allí. Cuando nacen, los dispositivos tecnológicos saben cuándo van a morir. No es broma. De hecho, este mecanismo tiene nombre: obsolescencia programada, la determinación de la vida útil del equipo dada por la necesidad de actualización que favorece, sin más, las arcas de los fabricantes. Si un teléfono durase veinte años, no se venderían 10 millones de Galaxy S4 en sólo tres meses. Además, no todo es tan oscuro como suena hasta aquí: si la tecnología avanza en forma sostenida, es lógico que los equipos se vuelvan obsoletos en un lapso no demasiado prolongado de tiempo.

En tal sentido, la telefonía modular aparece como una acérrima enemiga de la obsolescencia programada. El poder quitar una cámara austera en megapíxeles y acoplar una nueva en nuestro smartphone iría en contra de los intereses de la mismísima industria. Por tanto, ¿por qué Google, pope del comercio contemporáneo, avanzaría en contra de sus propios intereses? La respuesta está dada por la innovación. Quien lo hace, subsiste. Regina Dugan, quien fuera la primera mujer en liderar DARPA y que actualmente es encargada del área de proyectos especiales en Motorola, dijo en una serie de conferencias organizadas por AllThingsD que “quien quiera asegurarse el fracaso debe intentar eliminar los riesgos” y que “el aburrimiento es enemigo de la innovación”. Por entonces, el pasado mayo, mostraba un tatuaje que, adherido a la piel, haría las veces de contraseña para desbloquear equipos.

Si la telefonía modular fuera verdaderamente contendiente de la industria, no será la primera vez que un enemigo surja de las propias entrañas de su creador. Pasa en las mejores familias.